El sueño inicia con mi previo conocimiento de la existencia del destino como objeto de compra. Yo tenía la apariencia de un marinero español de época medieval. El señor Burns deseaba apoderarse del destino por medios monetarios y descubrió que podía hacerlo en una ciudad estilo romana ubicada en medio de las arenas de Egipto. La vendedora era una mujer de tamaño sobrehumano, cuya personalidad y apariencia física era la de una mujer tana. Al verme, la mujer se enamora perdidamente de mi físico y busca conseguir de mí un trueque sexual. En mis intentos de evadir el roce con esta mujer, caigo al piso de arena y veo a través de un hueco roto en una pared de madera al señor Burns y a Smidders acercándose. A sus espaldas, tres gigantescas ruinas aztecas con forma de leones surgen de entre la tierra y abren sus bocas. De ellas, toneladas de platos, vasijas, y jarras de oro y plata caen y se hunden en la arena del desierto. Al ver esto la mujer pierde rastro de mi presencia y corre a recoger de manera codiciosa los bienes del suelo. De esta manera el Señor Burns compra el destino, el cual tiene la peculiar forma de una matrioshca amarilla envuelta por una funda violeta de bb. En su torpeza, el señor burns deja escapar al destino el cual es capaz de volar, por no decir flotar dadas sus condiciones huecas. En ese momento, me convierto en mi misma y corro para atraparlo en cuanto caiga. Veo a mis espaldas a toda una ciudad, altos y flacos, gordos y bajos, gente en zancos y gente disfrazada. Salto sobre una "reja", la cual gira a causa de mi peso, y logro agarrar al destino. en ese preciso momento, la ciudad entera comienza a desplegarse en colores, bailes y notas musicales. Comienza un musical. Su canción, la de susana Gimenez. "Después de todo solo hay una mujer....."
Y DESPERTÉ.
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